Tras un mes de mudarnos a la casita rural y comenzar a desempacar, reparar y organizar todo por acá, una noche, aparentemente cualquiera, llegó una sorpresa nocturna a nuestras vidas. Todo fue muy enigmático, Michael ya había comentado y lamentado que Marcy la cachorra no tuviera un compañero de juegos puesto que Juanita y Lalita no mostraban interés en jugar con ella. A Marcy siempre se le veía triste y ansiosa por jugar con alguien.
La cuestión es que aquella noche estabamos resguardados en casa viendo una película cuando de repente empecé a escuchar que un cachorro lloraba, gritaba ayuda desesperadamente, pero pensé que era uno de los perritos vecinos. Cuando salí con Lalita para que hiciera chichí me encontré con la escena de una cachorrita chirosa, sucia y despeinada al otro lado de la reja de entrada arañando y mordiendo la malla en un intento de atravesarla, clamando poder entrar.
Llamé rápido a Michael para que confirmara lo que veían mis ojos y pasmados y sin entender cómo llegó a nuestra casa no sabíamos qué hacer, nos quedamos congelados hasta que Marcy despertó y salió a revisar qué estaba pasando. Cuando ella vio a la otra cachorra a través de la reja de inmediato salió corriendo a saludarla y darle besitos de bienvenida. Fue amor a primera vista, lo juro. De inmediato se hicieron mejores amigas para siempre.
Al final la dejamos entrar, afuera todo estaba oscuro, frío y desolado. La cachorra olía a mil demonios, pero eso no fue impedimento para ingresar a nuestro hogar, con un baño aromático y cálido después de jugar sin parar con Marcy le adecuamos una caja con una cobijita suave para hacerle la cama y aunque cada una de las cachorras tenía su espacio terminaron durmiendo juntas y abrazadas. Siempre digo que fue una perrita que se "autoadoptó", no sé si fue coincidencia o destino, lo cierto es que llegó como caída del cielo